PIENSOS PAVO

El equipo olímpico mejicano, tuvo un resultado absolutamente espectacular durante la celebración de los Juegos Olímpicos de Londres 1948.

 Humberto Mariles y Arete, se alzaron con el oro olímpico individual; Rubén Uriza y Hatuey, le escoltaron con la plata olímpica individual y el equipo mejicano remató la consistente jugada alzándose con el oro por equipos.

Un resultado realmente difícil de cosechar, ya que solamente  a lo largo de la historia, en Los Ángeles 1984, el equipo de USA, repitió la misma gesta.

 Bien es verdad que los  “yankees “ lo hicieron en su casa, con su Director Técnico  , mientras que los mejicanos tuvieron que hacerlo en tierras londinenses…

Pocos caballos eran producidos en esas fechas en Méjico, comprándose en Argentina, Alemania, en Estados Unidos… aunque los jinetes mejicanos militares del momento preferían sus “oriundos “, por su clase, calidad y talento.

Los primeros caballos en conseguir un interesante resultado en concurso internacional fueron Azteca, Águila Blanca y Resorte.

Azteca y Águila Blanca, eran propiedad de la República Mejicana, mientras que Resorte era propiedad del entonces teniente Humberto Mariles.

Más tarde aparecieron Poblano, nacido en los Estados Unidos, Mexicano y Michocano ( que posteriormente recalaría en España ).

Tras la estela de éstos, Hatuey y Arete, ambos nacidos en Méjico, y Chihuahua (USA), desarrollaron la época dorada de la equitación mejicana. Estos tres caballos ganaron en USA, Canadá,  Inglaterra, Francia y  Suiza.

Arete nació en el estado de Jalisco; cuando comenzó su verdadera carrera internacional, parece ser que había perdido la visión de un ojo, y además contaba con 12 años de edad.

Hatuey era  propiedad del Licenciado Diego Rosado, secretario de la Federación Hípica Mejicana y periodista del periódico Equitación.

Arete se alzó con el oro individual sin desempate con una puntuación de 6 puntos y medio, mientras que Hatuey hizo lo propio con la plata en desempate con Democrat (USA)  y  Sucre de Pomme (D’Orgeix ).

Posteriormente aparecieron caballos como Chihuahua II, Petrolero, Acapulco, Criolle, Tarahumara…

La escuela de caballería mejicana estaba dirigida por Mariles, creando un tipo de equitación muy especial para la época; su control, su sumisión y su mentalidad de dominar en cada situación a sus caballos, hicieron de la hípica mejicana una anticipada de su tiempo.

Mi padre compró a Mariles el caballo Tapatío, con el que posteriormente hizo el primer recorrido sin faltas de un jinete español en unos Juegos Olímpicos; los  de Estocolmo 56.

Muchas anécdotas me ha contado de este especial personaje; su manera de trabajar, lo despacio que montaban, lo rigurosos en su trabajo, ofreciendo unos aires muy diferentes de la equitación francesa  e italiana.

Cuando los jinetes españoles volvieron de Londres 1948, con una medalla de plata olímpica por equipos, me contaba mi padre,  que venían absolutamente embelesados por el tipo de equitación que habían practicado los mejicanos. Navarro, Ordovás y García Cruz, jinetes de primerísimo nivel mundial no eran capaces de entender cómo se podía saltar tan despacio, como dos o tres trancos detrás de un gran obstáculo eran capaces de tener a sus caballos haciendo parada y paso atrás. Unos auténticos precursores.

Tras la celebración de los Juegos Olímpicos de Londres 1948, tenía lugar a continuación un CSIO en la ciudad londinense; la escuadra mejicana no había sido aceptada a participar en este concurso puesto que los británicos consideraban que su nivel no era el adecuado. Tras la celebración olímpica, rogaron a Humberto Mariles   que se quedasen a tomar parte en su concurso internacional, a lo que los mejicanos rechazaron tal invitación.

La escuela militar mejicana del 48, revolucionó el panorama hípico mundial.

Carolo López-Quesada