PIENSOS PAVO

La historia del famoso “dólar de la suerte”, ya se la conté hace algunos años, pero un lector me ha pedido que si se la podía repetir. Con mucho gusto les contaré la historia del “lucky dollar”.

William Steinkraus había ganado la medalla de oro olímpica individual en Méjico 68, montando a Snowbound, su tremendísimo pura sangre, siendo el primer jinete estadounidense en conseguir semejante galardón.

Durante la celebración de los Juegos Olímpicos de Seúl 88, mientras que Pierre Durand estaba caminando el recorrido de la final individual, Bill Steinkraus se le acercó y le metió en el bolsillo de su chaqueta un dólar doblado en ocho partes.

–¿Qué haces Bill?, le preguntó Pierre, a lo que la leyenda hípica de Estados Unidos le contestó: “Te estoy dando el dólar de la suerte. Te he visto en la prueba de equipos y me gustaría que fueras campeón olímpico individual”.

Pierre Durand, que según sus palabras “no era supersticioso”, decidió quedarse el “lucky dollar” en su chaqueta, y a la postre fue campeón olímpico con Jappeloup.

Pierre Durand estaba preparando su viaje a los Juegos Olímpicos de Atenas 2.004, para ejercer de comentarista, cuando revisando sus papeles se encontró al dólar de la suerte, y pensó que se lo iba a llevar a la capital griega, para entregárselo a un jinete al que admiraba: Rodrigo Pessoa.

Caminando el recorrido, Pierre Durand le contó la historia del dólar a Rodrigo Pessoa, y éste se le metió en su chaqueta.

Rodrigo Pessoa fue medalla de plata individual en Atenas, aunque Cian O’Connor fue descalificado por un caso de dopaje a su caballo Waterford Crystal.

Durante todo el proceso de descalificación de Cian, Rodrigo le decía a Pierre Durand, “no te preocupes, el dólar está haciendo su trabajo·”

Rodrigo llamó un día por teléfono a Pierre, y le dijo: “El dólar acabó su trabajo, soy Campeón Olímpico”.

Cuando Pierre le preguntó qué es lo que iba a hacer con el “lucky dollar”, Rodrigo le dijo __ “Ya ha trabajado demasiado, es tiempo de parar. Lo vamos a donar al Museo Olímpico”.

Carolo López-Quesada