PIENSOS PAVO

La historia de Volvo y  de Steven Smith. Por Harvey Smith.

Para poner en antecedentes a nuestros lectores, contaré  brevemente la historia del caballo Volvo en España. Este caballo, propiedad de Trevor Banks, un importante comerciante de caballos mundial del momento, fue comprado por la Federación Hípica Española, para que fuese montado por Alfonso Segovia.

El caballo había saltado muy bien con Harvey Smith en pruebas “en cerrado“, pero cuando vino a España y Alfonso comenzó a montar a Volvo, era realmente complicado. Más que complicado, era realmente “diferente”…

En el CSIO de Madrid, se “salió de la pista“ con Alfonso Segovia, dando una imagen de caballo imposible de montar.

El caballo fue devuelto a Gran Bretaña y “cambiado“ por el caballo Agamenón, que tuvo buenos resultados con el equipo español. Corrió la Olimpiada de Montreal 76 con José Miguel Rosillo, y la “Olimpiada Paralela” de Rotterdam 1.980 con Alfonso Segovia.

Dejemos ahora en manos de Harvey Smith, la historia de Volvo y su hijo Steven.

Una noche entró Steven en la cocina de casa y me dijo que ya no quería montar más en ponis. Tenía que pasar a otra categoría superior de ponis, pero decidió que quería montar en caballos grandes.

-¿Cuándo  vas a montar en caballo?

-Mañana, dijo Steven.

-Tendré que buscar un caballo para ti.

Steven me respondió que buscase algo de lo que tenía por los prados medio retirados. Comencé a pensar, y me acordé que tenía en el prado al caballo Volvo.

-Ya tengo caballo para ti Steven. Vas a montar al Volvo.

Volvo era un auténtico maníaco; parecía un boxeador borracho sonado. El caballo podía saltar lo que fuere, pero su manejo y control era absolutamente desquiciante. En Alemania me fue muy bien, pero nadie podía acercarse a él, ni tocarle, estaba medio loco.

La mujer de Harvey que estaba oyendo la conversación,  preguntó si quería matar a su hijo.

-No para nada. Mañana hay pruebas varias en un concurso aquí cerca. Cien libras de premio en una prueba con desempate.  También hay unas seis barras, pero ahí no quiero que corras, podrías darte un buen susto con el “maníaco “.

Como yo no podía asistir al concurso por motivos de trabajo, le explique los “trucos“ del caballo, para poder competir con él.

-Cuando te montes en la pista de ensayo, no hagas nada con él; tan solo camina muy despacio.  Si la campana suena y ve un autobús viniendo hacia él, se lo puede saltar perfectamente.  Dale un salto o dos pequeños para salir a la pista; mejor uno que dos.

Cuando entres en la pista, al paso, te colocas justo delante del cronómetro y en la dirección del primer salto.

-¿Por qué tengo que hacer eso?

-Porque cuando te suene la jodida campana, vas a desear estar en la posición correcta y en la dirección correcta. Acuérdate de esto.

La noche siguiente entró en la cocina y le pregunté qué tal había ido Volvo en el concurso.

-No demasiado mal.

-¿Qué  hiciste?

-Gané.

-Bien hecho Steven. ¿Te giró bien en el recorrido?

-Increíble, saqué 5 segundos de diferencia a los demás.

Feliz del resultado del día, le dije a mi mujer__ ¿Estarás contenta?,  por lo menos 100 veces más contenta___.

-¿Por qué 100 veces más contenta?

-Porque ha ganado cien libras.

Steven dijo de repente: “He ganado más de 100 libras. Corrí también las seis barras y las gané“.

-Estúpido imbécil, te dije que no las corrieses.

Durante la cena, se explayó más en los avatares del día. Estaba tan contento que no paraba de exteriorizar sus diferentes impresiones.

_ Creo que sé cuál es el problema del caballo, dijo Steven.

-Sangriento infierno;  llevo yo seis años buscando el problema del caballo y no he sido capaz de saberlo. ¿Cuál es?

-Creo que ha tenido un problema de jinete. No lo han sabido montar bien.

Esa fue la historia de mi hijo Steven y Volvo.

Carolo López-Quesada