PIENSOS PAVO

Por Marisol Fernández Puyot

El caballo un animal noble, que en sus años jóvenes tiene fuerza y potencia y a medida que pasan los años se va volviendo dócil, tranquilo y confiado. El carácter de los caballos varía según la razas como pasa con otros animales naturalizados, los perros. Para las terapias ecuestres se necesitan caballos poco asustadizos, mansos y tranquilos por lo que para ello se utilizan caballos mayores. Deben tener un dorso fuerte y un movimiento rítmico por lo que tienen que estar musculados, bien alimentados y trabajados.

Hay muchas investigaciones que certifican la mejoría de las personas con las terapias ecuestres y demuestran como caballo y jinete se unifican en un mismo ritmo cardíaco en una plena conexión. El caballo a diferencia de otros animales de terapia es un rehabilitador del aparato locomotor, esto es gracias al calor que desprende, su calor corporal es superior al del humano y en movimiento aumenta aún más. Este calor sirve para distender músculos y ligamentos del cinturón pélvico y las piernas. Los estímulos que emite el lomo del caballo, se pasan por todo el sistema musculo-esquelético a la médula espinal hasta el cerebro añadiendo un nuevo patrón de marcha. Este patrón de marcha tridimensional se produce porque el caballo mueve la pelvis del paciente de la misma forma que si estuviera caminando.

En todos los artículos que podemos encontrar que hablan sobre las terapias ecuestres  o de los caballos de terapia nos citan los muchos beneficios que tienen que son múltiples, pero yo no quiero repetir lo que todo el mundo conoce, me gustaría contar la motivación que produce a todas las personas que aman a este animal. Yo como equinoterapeuta de la asociación Teanima he visto lo increíble que puede llegar a ser la motivación que puede tener en algunos pacientes, la felicidad que les produce y cómo a través del caballo llegan a conseguir de manera más rápida sus objetivos terapéuticos. A parte me gustaría explicar si pudiera cómo llegan hasta el fondo de nosotros, me gustaría contar con palabras las sensaciones de libertad y el sentimiento de naturaleza que transportan. Esto junto con el ejercicio, las endorfinas, la relajación, hacen que disminuya el estrés y la ansiedad. Otra de las cosas que los animales provocan es la bajada de la presión arterial y de las pulsaciones al acariciarlos. No hay nada como acariciar al caballo sobre todo como gratificación por un buen trabajo.

El caballo de terapia es un mero instrumento para alcanzar objetivos terapeúticos en los pacientes. Esta es la definición, pero “instrumento” es una palabra fría para describir la labor que realiza. Su labor es mucho más que eso, un caballo de terapia puede llegar a predecir un ataque del paciente, con esa sensibilidad reconoce el estado de ánimo del que lleva encima, si el jinete se encuentra nervioso éste lo notará, notará sus miedos así como la relajación y la felicidad, de ahí esa conexión de la que se habla que tienen caballo y jinete. El caballo es un animal social, necesita la compañía de otros caballos o del ser humano. Si tú te entregas a él, él te lo dará todo, te dejará entrar en su grupo. Cuando conectas, llegas a conseguir la mejor terapia donde se potencia la autoestima se mejoran las relaciones sociales y la empatía.

Desde aquí quiero promover esta relación con el caballo. Con otros animales de compañía suele existir con mayor facilidad, pero con el caballo solo existe sometimiento al montar, no gozamos de su presencia, simplemente es un mero instrumento para conseguir nuestras metas en el mundo deportivo y competitivo que es la equitación.

Tenemos que encontrar ese vínculo de alto sentimiento emocional en el que compartir nuestras emociones, estado de ánimo y miedos, para hallarnos, conocernos y crecer como personas.

Marisol Fernández Puyot

Presidenta de la Asociación Teanima

http://www.terapiaasistidaanimalesmadrid.com