PIENSOS PAVO

Enrique Martínez de Vallejo, ha sido un importantísimo jinete militar español. Tras la retirada de la competición de su figura, y de la de Alfonso Queipo de Llano, la hípica militar española, quedó huérfana de jinetes de la talla de los anteriores.

Enrique, hace algunos años escribió un libro,  “ la Equitación y el Salto de Obstáculos “, libro que recomiendo por su interés , corrección y por ser realmente ameno y muy interesante.

De ese libro que tengo en mis manos, dedicado por su creador a mi padre, trataré de sacar algunas consideraciones de Martínez de Vallejo, con respecto a algunos importantes jinetes mundiales.

Hoy me centraré en la figura de Francisco Goyoaga, y en las reflexiones que Enrique hacía en su libro. Gracias Enrique por haber dedicado tiempo y esfuerzo a esta obra.

Decía Enrique : “M e atrevo a recomendaros que no os canséis de mirar a los buenos jinetes  e intentéis imitarles en lo bueno, pues al genio de la equitación española de este siglo, Francisco Goyoaga, los tontos le imitaban lo poco que tenía de malo, una antigua lesión de un pié por la que le hacía llevar la punta de ese pié más baja que el talón . Muy interesante reflexión.

 El gran Paco Goyoaga solucionaba sus problemas en los recorridos, manteniendo en todo momento, los principios enumerados en el párrafo anterior. Hubo un problema en el CSIO de Roma de hace algún año, con el primer obstáculo de una calle, a la que se accedía en ángulo recto , frente a la tribuna del Jurado , teniendo que envolver un obstáculo inconveniente difícil de solucionar, hubo muchas faltas en es obstáculo, y Paco “ montó fuerte “ contra la tribuna del Jurado, siguió con decisión recorriendo el ángulo recto  y llegó con perfección al pié del obstáculo, saltándolo limpiamente y cuando le preguntaron si había “visto los trancos “ antes de atacar el obstáculo en ángulo recto , muerto de risa dijo ; “ qué trancos ni que ocho cuartos, mi caballo se había quedado mirando al Jurado y había perdido mucha acción, como reparando y con pocas ganas de ir para adelante y por ello tuve que montar fuerte antes del ángulo recto para poder restablecer la acción y poder saltar ese gran oxer “.

Porque Paco Goyoaga de un ojo tenía perdida la visión al tener el nervio correspondiente totalmente roto. Por eso y solamente por eso, si perdía acción de inmediato la recuperaba, ese fue su gran secreto.

Interesantes reflexiones de Enrique Martínez de Vallejo.

 

Carolo López-Quesada.