Vísteme despacio que tengo prisa. Por Pedro Mateos Bernáldez

Vísteme despacio que tengo prisa. Por Pedro Mateos Bernáldez

Vísteme despacio que tengo prisa

 Hace escasos días se celebró en Segovia el Campeonato de España de ponis. No pude asistir personalmente este año, pero sí que vi bastantes vídeos.

 Y honestamente, me horroriza ver las categorías más pequeñas (A y B principalmente).

 Está bien fomentar la competitividad y el compañerismo. Pero me parece un despropósito el griterío, sin mucho sentido, de padres, entrenadores, familiares y amigos como si les fuera la vida en ello. Protectores de presión. Hacer un tranco menos en las combinaciones de los desempates. Etcétera.

 Desde luego bastante alejados del civismo y el horsemanship que tanto se predica. Pero es el pan nuestro de cada día en los concursos de ponis.

 Mención aparte la “ayuda externa”. Lo anormal es encontrar a entrenadores que no la pongan en práctica. Y no me he parado a revisar la reglamentación actual de la RFHE pero dudo mucho que la fomente.

Si no soy de caballos y voy a un concurso los prejuzgaría y pensaría que el peor entrenador es aquel que espera y observa paciente y silenciosamente a que su alumno acabe el recorrido. Y me iría sorprendido, probablemente para bien, de cómo hay otros que le ponen más “pasión” como los aficionados del Frente Atlético. Las apariencias, que engañan.

 He visto con mis propios ojos a Sergio Álvarez Moya ganar con 15 años la grande del CSIW de Vigo con Babacool, a Manuel Añón ganar con 16 años pruebas grandes de CSI**** con Loreal d’Utah, o a Edu Álvarez con 18 años quedar de los primeros en casi todas las pruebas del CSI 5* de Madrid.

 Y años después han sido unos top 20/30 del mundo y otro con un palmarés increíble aunque después por motivos profesionales dejara de lado la hípica.

 Es compatible la precocidad con el talento, esfuerzo, dedicación y paciencia para convertirse en verdadera gente de caballos.

 En estos tiempos de procesos electorales he escuchado bastante de propuestas de caballos jóvenes, pero no tanto de jinetes jóvenes o de planes de formación. El mejor activo que tenemos son ellos y es un intangible clave para que nuestra hípica suba sus estándares de calidad porque son los que defenderán nuestros intereses en el día de mañana. Y que conste que lo veo desde el prisma puramente deportivo enfocado al alto nivel.

No pretendo ni mucho menos meterme en asuntos de índole electoral pero mi punto es que más vale asumir la responsabilidad de lo que nos pasa en nuestra hípica que sentirnos víctimas de las circunstancias que nos rodean.

 Están por un lado los que buscan un problema a cada solución, y por otro los que buscan una solución a cada problema. Y estadísticamente llegan más lejos los segundos.

 En fin, volvamos a la parte más objetiva de este texto. Para ello dejo dos tipos de pruebas para los más jóvenes que me parecen un buen y bonito ejemplo.

 Por un lado, las pruebas de Hunter / Equitation en América en las que se puntúa principalmente el estilo y la técnica. La presentación, impecable. El civismo, más de lo mismo.

 De otro lado, me llevé una grata sorpresa en México, en donde los campeonatos de los más jóvenes se desarrollan con un baremo llamado “Tiempo ideal”. Básicamente cada binomio hace dos recorridos consecutivos de 7/8 saltos y el que mejor puntuación tiene es el que más se aproxime a su propio tiempo en los dos recorridos.

 Y es que, como están las cosas, casi prefiero que me venga un padre con su hijo que ha hecho doma clásica hasta los 12 años pero que ha probado el salto y le gusta y quiere llegar lejos, a otro que venga con 5 medallas en campeonatos de España de ponis (también lo extrapolo a los concursos de alevines).

 Cultivemos la base y démosle a todo su debido tiempo.

 Dedicar un poco más de tiempo en las primeras etapas de un jinete, o incluso de un caballo, a la larga se acaba agradeciendo y suele ser una buena inversión.

 Cómo se viene diciendo desde hace muchos años, vísteme despacio que tengo prisa.

 Pedro Mateos Bernáldez  

John Whitaker es un “clásico”

John Whitaker es un “clásico”

John “Magic” Whitaker es especial, y lo seguirá siendo hasta que decida retirarse.

Este fin de semana ha estado en Macon Chaintre**, donde ha hecho 1 punto en el Gran Premio con Unick du Francport, además de ganar las seis barras con Sharid, pasando 2,05 metros.

John es un “clásico”, y le gusta competir, competir y competir…

Carolo López-Quesad

La semana que viene otro cinco estrellas en St.Tropez

La semana que viene otro cinco estrellas en St.Tropez

La semana en la que vamos a entrar, vamos a tener un nuevo cinco estrellas con nosotros: St.Tropez, donde el jefe de pista va a ser Uliano Vezzani.

Internacionales de tres estrellas tendremos los de Vejer de la Fontera (Javier Trenor), Gorla Minore (Andrea Colombo) y Busto Arsizio (Pier Bazzocchi).

Dos estrellas llegarán los de St. Tropez, Canteleu, Kronennberg, Opglabbeek, Herzlake, Lier, Ranshofen e Ivanovskoe.

En España tendremos el cuatro estrellas nacional de Pineda Sevilla (Isabel Fernández Cañete), Zamora*** (Ángel Cerdido), Elche* (Luis Fenoll) y Nueva Cartuja Especial (Jorge Rey).

Carolo López-Quesada

Y van 87…

Y van 87…

Galileo, que cada día aumenta su leyenda y hoy la ha vuelto a agigantar.

Hasta el momento tenía 86 hijos directos con Grupos I ganados, y hoy ha logrado el número 87: Mogul.

En el Juddmonte Gran Premio de París, celebrado hoy en Longchamp sobre 2.400 metros, para los 3 años, Mogul (Galileo) se imponía en este importante Grupo I, aumentando la leyenda de su progenitor.

Y van ochenta y siete…

En el Prix Vermeille de hoy en Longchamp, para los 3 años y superiores sobre 2.400 metros, Tarnawa conseguía la victoria, una hija de Shamardal con una madre por Cape Cross.

También se celebró un importante Grupo II, el Prix Foy sobre 2.400 metros, donde el triunfador era Anthony Van Dyck (el hijo de Galileo que el año pasado ganara el Derby de Epsom), dejando en segundo lugar a Stradivarius (Sea The Stars), caballo que este año ganara la Gold Cup y la Goodwood Cup Stakes, y que previsiblemente irá al Arco de Triunfo.

Carolo López-Quesada