Leilani, de Luis Álvarez Cervera, puede que corra en Longchamp la siguiente semana

Leilani, de Luis Álvarez Cervera, puede que corra en Longchamp la siguiente semana

Luis Álvarez Cervera crió una yegua llamada Leilani, de la que ya les he contado algunas historias, y es posible que corra la siguiente semana en el Hipódromo de Longchamp.

Leilani tiene 3 años de edad, y es una hija de Dink (Poligloté) y de Doña Pepita (Exclusive City), que el año pasado en España gano tres de sus cinco carreras, con una victoria fenomenal, el Gran Premio  Subasta ACPSI 2.018, un Categoría A de máximo nivel para los 2 años sobre 1.400 metros.

Leilani se fue a Francia, y el 15 de marzo pasado corrió un “listed”, donde estuvo quinta con una mala salida.

Ante el estado de alarma en España, Luis decidió dejar en Francia a Leilani, en las manos de Jehan Bertran de Balanda (el hermano de Gilles Bertran de Balanda), y ahora es probable que la semana que viene la veamos corriendo en París.

Mucha suerte.

Carolo López-Quesada

Francia en su esplendor mundialista por equipos

Francia en su esplendor mundialista por equipos

Once ediciones del Campeonato del mundo han tenido pruebas de equipos, once, por lo que se han repartido 33 metales diferentes.

El país que más metales ha cosechado ha sido Francia, con 8,  tres de oro, cuatro de plata y una de bronce. Francia ha estado en los podios mundiales en un 72,77 % de sus actuaciones.

Alemania ha ganado siete medallas (3 oros, 2 platas y dos bronces), mientras que con 5 metales aparecen Estados Unidos y Gran Bretaña.

Holanda 3 medallas, mientras que Bélgica  y Suecia tienen dos medallas y Suiza una medalla.

Carolo López-Quesada

Europa 17- América 2 en Campeonatos del Mundo

Europa 17- América 2 en Campeonatos del Mundo

En versión Campeonato del Mundo, los jinetes europeos van ofreciendo un recital con respecto a los jinetes del continente americano.

Se han celebrado 19 ediciones del Campeonato del Mundo, y Europa gana a América por 17 a 2.

Gail Greenhough con Mr.T y Rodrigo Pessoa con Lianos, han sido los grandes personajes americanos para esta gesta.

Carolo López-Quesada

 

Henri Toulouse Lautrec  y los caballos

Henri Toulouse Lautrec y los caballos

Henri de Toulouse Lautrec, ha sido uno de los pintores que más me ha impresionado del gran movimiento francés pictórico por excelencia. Toulouse, nacido en el seno  de una familia de rancio abolengo (como se decía antiguamente), aristócrata “carolingio “, descendiente directo de los Condes de Toulouse, tuvo una vida tan luminosa en su arte como triste en su vida personal.

 Siempre que he contemplado cuadros de este artista, me asaltan las mismas impresiones; ¿Cómo se puede ser tan  pletórico con el arte y tan gris en la vida cotidiana? ¿Cómo se puede ver la vida desde el prisma de la revelación genial del don del talento pictórico y por el contrario estar destinado a un final negro y eclipsado?. Probablemente es así la vida, pero en el caso de Toulouse, su dualidad artista-hombre, le llevó a emerger solamente en una dirección.

Van Gogh, amigo suyo (lo conoció en el estudio del pintor Fernand Cormon) tuvo un patrón similar.

Debido a la consanguinidad de sus padres, Henri, tuvo una tremenda enfermedad llamada, picnodistosis, que le provocaba una calidad ósea espantosa. Tuvo dos fracturas de ambos fémures de ambas piernas, lo que le llevó a un crecimiento deteriorado, dejándole como triste regalo una deformidad que le crucificó en su ánimo.

Su primer cuadro, lo pintó con 13 años y se bautizó como “Artilleros a Caballo“; primera escaramuza  con la que se adentró en el mundo del caballo.

Cuando decide dedicarse exclusivamente a la pintura, es introducido en el estudio del maestro Léon Bonnat, aunque éste dedica a su pupilo Toulouse frases como  “dibuja de forma horrible, nunca llegará a nada”. ¡Cráneo Privilegiado el suyo! Maestro del entendimiento.

Con veinte años decide ir a vivir a Montmartre (París), en donde se encuentra con vecinos y amigos como Edgar Degas, otro gran pintor de caballos. Comienza a sentir una fascinación increíble por el sórdido mundo de los locales de diversión nocturnos, llegando a convertirse en cliente exclusivo de estos locales (Moulin Rouge, Le Chat Noir, Moulin de la Gallete…).

Todo lo relacionado con este mundo, incluida la prostitución en la que se refugia, pasa a ser parte de su vida, y por supuesto de su obra. Sus modelos por excelencia empiezan a ser, bailarines, actores, prostitutas cambiándose o revisándose médicamente al acabar el servicio… todo lo relacionado con un sub-mundo de marginalidad y  de tristeza.

Los dueños de los locales le pidieron (gracias a Dios para la posteridad) que dibujara carteles para promocionar sus espectáculos, hecho que le hizo entregarse a esta cuestión, con audacia  e imaginación. Sus clásicos cuadros de Jane Abril (famosa bailarina de la época), de Valentín (el bailarín descoyuntado), de Mairie (una de sus prostitutas favoritas), de la Goulue (bailarina de traza marginal), hicieron de este artista un ejemplo  de lo que su talento era capaz de crear.

Contrajo la sífilis, entre grandes espasmos de absenta, lo que le llevó a caminar por el tétrico mundo de la locura y el delirio.

Todo lo que sufrió como persona, nos lo dedicó como artista; todo lo que se corrompió como ser humano, nos lo regaló con creces como eternidad; todo lo que hacía por destruirse, nos lo servía como alma de la creación.

Toulouse despreciaba los paisajes y las marinas; él ,  se consideraba un cronista social, mezclándose con el pueblo y pintando lo que él veía con su prisma de alegría triste.

Su alcoholismo y su vida desenfrenada, le llevaron a  padecer manías persecutorias, depresiones, ataques y parálisis de las piernas; en 1.987, tras una gran borrachera,  se dedicó a disparar las paredes de su casa, tratando de matar arañas y ardillas.

Sus amigos y familia tratan de reclutarlo para un hospital psiquiátrico, pero Henri, para demostrar que no estaba loco realiza una sorprendente exposición sobre el mundo del circo. Su adicción por el alcohol era tal, que llegaba a mezclar en la misma copa absenta, cognac y champagne, construyéndose un especial bastón en el que  en el mango, podía esconder alcohol, ante las ya terribles miradas de su madre.

La obra de Toulouse posee una especial  espontaneidad y una gran capacidad de recoger “el movimiento“. Su primera influencia, además de la pintura japonesa, fue el movimiento impresionista francés, en especial su amigo Degas , aunque no , los paisajes excepcionales de Monet y Renoir ; fue la vanguardia del modernismo.

Cuando la colección Camondo (una familia que llevaba años  y años coleccionando pintura) , se cedió al Museo del Louvre, tenía algunas obras de Toulouse  Lautrec (aunque estaba ya al borde de la muerte), por lo que Henri, fue el primer pintor vivo de la historia en entrar en el templo del Louvre.

Dentro de las creaciones de Toulouse con respecto al mundo del caballo, hay dos cuadros que me parecen definitivos en su obra. Uno es, el “Artillero Ensillando un Caballo “; ¡qué gran creación! Los lectores que hayan llegado hasta aquí y no se hayan  aburrido de  este escrito, les ruego que dediquen un instante en contemplar a Toulouse en estado puro.

Pero por encima de todos está uno de los grandes cuadros de caballos de carreras que haya pintado nadie; “El Jockey“; el movimiento, el color, la energía que desprende, la imaginación y su personal visión de  el Turf, hacen de esta obra de arte un gran cuadro de caballos.

Henri Toulouse Lautrec, fue un mago de la pintura, un gurú del modernismo; pero en especial, retrató a los caballos bajo la contemplación  con  un cristal del idealismo más audaz. Al igual que Cervantes nos pintó a un Quijote eterno, Toulouse escribió los caballos desde la perspectiva del talento.

Que su negra vida sea recompensada allá en donde esté; a nosotros, ya nos ha recompensado con su creación.

Carolo López-Quesada